BIENVENIDA

Simplemente deseo darte la bienvenida a este mi mundo, un mundo lleno de sensualidad y ese "no se qué" por lo que mis ojos, piel, sentidos, se han dejado atrapar. Encontrarás lo que a mi parecer es arte ... sí, arte propia y de otros que dejo que me inunde y "toque". Si tu quieres, también será el tuyo, tu mundo y te dejarás "llevar" por él y "atrapar"....pero, si te dejas llevar, te pido que dejes atrás, como he intentado yo, tus prejuicios y subterfugios, así podrás "fusionarte" conmigo y con los autores que compartiré.... Busco y quiero tu receptividad....tu mente ...tus sentidos.... ya que lo compartido acá es "la Alquimia", "la magia" de este lugar.

También humildemente deseo dedicar esta página, a manera de tributo, a esas personas que por su sensibilidad y el amor a la vida y lo que hacen, han logrado transmitir sentimiento y la esencia que tan puramente los identifica. Ellos.... me hacen estremecer y soñar.

Esta página también existe para aquellos que quieran encontrar fascinación en "algo" para sí mismos, ya que entonces tendremos mucho en común. También ofrezco una disculpa previa a los que se sientan ofendidos con el material que acá, se plasme, no es mi intención de verdad. Creo que debido a mi afán de ser yo misma.... Inspirada por lo que otros han sido y serán, existe lo que ahora tienes frente a ti... Un tributo a la sensualidad y la sexualidad


BIENVENIDOS ENTONCES… A ESTE SU ESPACIO..



CONTENIDO PARA ADULTOS

ESTA PÁGINA CONTIENE MATERIAL PARA ADULTOS....SE REQUIERE SER MAYOR DE EDAD.


miércoles, 20 de junio de 2012

La frazada o la muerte - Juan Carlos Vecchi

Lúgubre
Imagen: 




La mirada podría ser una de esas miradas que se pierden en cualquier historia, pero es Gabriela Flores la mujer sentada en uno de los bordes de la cama mirando la fotografía de su bisabuela materna.
 

El genealógico hábito nocturno de los treinta centímetros hacia la derecha le movieron la mirada hasta la blanca cabellera de su abuela. Movió la cabeza un poco más, siempre hacia la derecha; en la dulce sonrisa de su madre solía encontrar ese método para mitigar su incondicional melancolía.
 

La suya no colgaba en la pared del débito familiar; no se estremeció al pensar que no faltaba mucho para ser un cuadro más.
 

Dejó que su cuerpo triste se inclinara hacia atrás, hasta que espalda y cabeza sintieron la amorosa textura de la frazada, la frazada tejida por su abuela; estiró un brazo hacia un costado y se tapó con otra frazada, la frazada que había tejido su madre.
 

Acuartelada en aquel tejemaneje congénito de ausencia, se preguntó por qué nunca había tejido una frazada ella misma.
 

Fue entonces cuando soltó la risa hasta el cielorraso al darse cuenta que siempre le había quedado más cómodo dejarse morir que aprender a tejer una frazada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario